¿Es posible imaginar un mundo sin packaging?

La forma en la que percibimos un producto y lo que esperamos de él no se basa exclusivamente en sus cualidades, de hecho, sería muy difícil diferenciar un producto de otros similares sin el packaging.

Un ejemplo podría ser el agua. Este producto es genérico pero, en función de la utilidad y las necesidades específicas de quien la consuma (un deportista, una ama de casa, un restaurador), la presentación del envase varía.

El packaging no solo ayuda a diferenciar nichos de producto, sino que es básico para crear otros nuevos. La forma de envasar un producto, y los mensajes que se comunican en él, pueden ser el principal vehículo de comunicación en el punto de venta, entre el fabricante y el futuro comprador. Por mucha publicidad que se haga, el consumidor suele decidirse a comprar cuando está delante del producto y, en ese momento, es la etiqueta, la caja o el envase lo único que se ve.

La industria del packaging es dinámica. Los avances en las artes gráficas, en los procesos de producción y en la diversidad de materiales ayudan cada vez más a los diseñadores a ampliar sus posibilidades creativas. Sin embargo, con una gama cada vez más innovadora de herramientas y materiales a disposición del diseñador, es fácil dejarse seducir por lo que se puede conseguir y olvidar la función de contenedor del packaging.

La naturaleza del producto determina el material del envase. Es importante tener en cuenta algunos otros factores como el tamaño, el peso, el volumen, la fragilidad, la temperatura, etc. Obviamente una bolsa de guisantes no funcionaría si estuviera fabricada en papel.

Otra de las funciones del packaging es la de protección, que asegura que un producto llegue intacto al consumidor sin ningún deterioro. La protección es un área que ha sufrido considerables avances como resultado del desarrollo tecnológico. Hoy en día se combina el papel de aluminio y el film de plástico con el cartón. Este paso ha significado una revolución, por ejemplo, en el sector de las bebidas, en concreto, para los envases de zumo.

A través del diseño del packaging, somos capaces de entender e interpretar la naturaleza de los productos: ¿cómo funcionan?, ¿quiénes lo utilizan?, ¿qué aspectos los hacen únicos? Por ello, es importante crear una buena primera impresión, ya que, a menudo, es el poder del packaging el que influye sobre el producto.

Mª Ángeles Pérez, responsable de producción

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