Marketing Emocional: del corazón al carrito de la compra

9 julio 2014

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En un mercado cada vez más saturado, donde nuestros clientes tienen la opción de elegir entre cientos de productos o servicios prácticamente iguales, la clave de nuestro éxito frente a nuestro competidor estará en saber crear un nexo de unión, o una relación, entre esos clientes y nuestra marca que los vincule de forma fiel y duradera hacia nosotros. Y para ello, dicho nexo deberá estar basado en las emociones, lo que se conoce como Marketing Emocional.

Se sabe que, como prácticamente todo en la vida, cualquier decisión de compra posee un componente racional muy importante, pero por encima de éste se impone siempre un componente emocional, el cual representa en gran parte el impulso de compra y la repetición de ella. Siempre y cuando, como es obvio, el valor de nuestro producto o servicio esté en linea con el de la competencia.

De hecho las grandes marcas, conscientes de ello, son las primeras en predicar con el ejemplo y en vez de limitarse a vender sus productos, lo que hacen es practicar la venta de emociones y experiencias, asociando así su identidad de marca hacia una serie de valores que las diferencia del resto y las une hacia su target. Claros ejemplos serían Coca Cola y su venta de la felicidad, Ikea y su venta de la libertad y el buen rollo o, Apple y su venta de estilo y distinción.

Y no es cuestión de presupuesto, es cuestión de estrategia. Es decir, la práctica del Marketing Emocional no es algo que sólo puedan permitirse este tipo de marcas gracias a sus elevados presupuestos para marketing y publicidad, sino que consiste en una actitud empresarial que incluso debería cobrar más sentido en los pequeños negocios, donde existe una mayor cercanía con nuestro cliente y, por tanto, mayores posibilidades de conocerlo y enamorarlo.

Para ello, lo primero que debes hacer es preocuparte por cada cliente: ¿Los conoces? ¿Sabes qué quieren? ¿Qué les gusta? ¿Qué necesitan? ¿Qué esperan de tí? Preocúpate por conocerlo y luego, ofréceselo. Haz de tu marca un amigo para tus clientes, alguien en quien puedan encontrar no sólo un producto o servicio, sino también alguien en quien confiar y que les ofrece todo el halo de emociones que, en realidad, van buscando con su compra.

Si consigues vincularlos emocionalmente a tí, serán tuyos para siempre. Eso sí, recuerda que las emociones hay que alimentarlas día a día, porque de lo contrario se secan y mueren.

“Las personas olvidarán lo que has dicho, olvidarán lo que has hecho, pero nunca olvidarán cómo las has hecho sentir”.
Maya Angelou.

Ester Sánchez-Valverde Giménez, Ejecutiva de Cuentas

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